sábado 7 de noviembre de 2009

ESPIRITUALIDAD Y RELIGIONES. ¿CONCEPTOS EXCLUYENTES?


Muchas personas me preguntan cómo es posible practicar el dharma budista y ser a la vez sacerdote ortodoxo y teólogo licenciado. ¡Como si buscar el bien y practicar la compasión fuesen marcas patentadas por una empresa que tiene el monopolio de la Verdad! Hoy todo está controlado, “registrado”, moderado y dirigido. Debemos tener mucho cuidado con lo que publicamos en los blogs no vayamos a incurrir en sanciones por adaptar nuestros artículos con ideas que pululan por este maremágnum caótico que es Internet (Y no me refiero al plagio puro y duro). No tararees en España una canción en un bar de tu propiedad mientras sirves un café, no vayan a venir los “inspectores” de la SGAE a multarte por no pagar los derechos correspondientes (ya ha ocurrido).

No disientas de lo “políticamente correcto” porque te etiquetarán como “indeseable” en esta sociedad tan compartimentada y supuestamente “libre”. No cures de otra forma que no sea con los fármacos recomendados por las multinacionales farmacéuticas, no sea que te encierre la Santa Inquisición Sanitaria en una mazmorra del sistema.

…Ya vale, ¿verdad? ¿Qué está ocurriendo?

Yo comparto la actitud del maestro budista vietnamita Thich Nhat Hanh quien asegura que comulga cuando acude a una misa católica al tiempo que en su altar budista tiene las figuras de buda y de Cristo juntas. ¡Y luego se echan las manos a la cabeza los fariseos de turno! ¡Que horror! ¡Blasfemia! ¡Un budista comulgando! Y muchos de esos “críticos” son pederastas a tiempo parcial o corruptos empresarios de “doble vida” cristiana. El problema es que confundimos espiritualidad con “colegiación religiosa”, con intolerancia y abuso de poder.

¿Cuándo y en dónde dijo Cristo que solo “sus apóstoles” podían comer y beber su “cuerpo y de su sangre”? ¿O expresó en realidad su deseo de redimir del dolor, del pecado y del sufrimiento a TODA la humanidad?

¿Y Buda? ¿Sólo restringió la “Iluminación” a sus seguidores de túnica azafrán o la hizo extensiva a “todos los seres sintientes”?

Recibir una iniciación con su correspondiente linaje o sucesión apostólica es un reconocimiento a la propia responsabilidad para hacer el bien y entregarnos a los demás, más que un “privilegio” de unos pocos para separarnos clasistamente del resto de los seres humanos. Es seguir un lazo de fraternidad que nos une a los que han dado el primer paso para construir un mundo más feliz, fraterno y pacífico.

Cuando releo y medito sobre las palabras de Cristo y de Buda no encuentro contradicción alguna en ambos textos sino que mi horizonte espiritual se amplía en lugar de reducirse a unos límites asfixiantes y anquilosantes.

Sí, soy sacerdote de la Iglesia Ortodoxa, depositaria de un sentido teológico, místico y espiritual más allá de las formas. Y soy instructor de filosofía budista, iniciado por maestros del linaje Mahayana que me han enseñado una psicología de vida que surgió quinientos años antes del nacimiento de Jesucristo.

Ya basta de “exclusiones” ideológicas. De nominar (“poner nombre”) para identificarte con “el grupo” separándote del “otro”.

Seguiré hablando en otros post de todo esto, queridos amigos.

Con mis mejores deseos en el Dharma y que la luz de Cristo os bendiga a todos.

miércoles 4 de noviembre de 2009

EL ABORTO Y EL BUDISMO.


Asunto difícil y tema de discusión encendido y emocionalmente explosivo.

La posición más clara la desvela la maestra zen Barbara O'Brien:

Los budistas generalmente son reacios a intervenir en la decisión personal de una mujer a interrumpir su embarazo. El budismo, sin embargo, desaconseja el aborto pero también desalienta la rígida imposición de los absolutos morales. Esto puede parecer contradictorio. En nuestra cultura, muchos piensan que si algo es moralmente incorrecto debería ser prohibido, pero el criterio budista es que el seguimiento rígido de las normas no es lo que nos convierte en “seres morales” ¿Y dónde quedan en el budismo los derechos humanos? En primer lugar, la visión budista del aborto no incluye un “concepto de derechos”, ya sea un "derecho a la vida" o un "derecho al propio cuerpo". En parte, esto se debe a que el budismo es una religión muy antigua, y el concepto de los derechos humanos es relativamente reciente.
El budismo dice que la vida “no tiene un comienzo". Los científicos nos dicen que la vida llegó a este planeta, de alguna manera, hace alrededor de cuatro mil millones de años y desde entonces la vida se ha expresado en diversas formas. Pero nadie ha observado el "principio". Nosotros, los seres vivos, somos manifestaciones de un proceso ininterrumpido que ha estado ocurriendo durante cuatro mil millones de años, (según nuestro conocimiento actual y temporal). Por eso preguntar ¿cuándo empieza la vida? es una pregunta sin sentido.

Usted podría preguntarse, ¿qué pasa con el alma individual? Una de las preguntas más esenciales y más difíciles de las enseñanzas budistas es anatman o anatta – “sin alma”. El budismo enseña que nuestros cuerpos físicos no están poseídos de un “yo intrínseco”, y que nuestra sensación persistente de nosotros mismos como algo separado del resto del universo es una ilusión. Pero esta no es una enseñanza nihilista. El Buda enseñó que si podemos ver a través de la ilusión del pequeño yo individual, nos damos cuenta de un inmenso "yo" que no está sujeto al nacimiento y la muerte.
¿Qué es el yo?
Nuestros juicios sobre las cuestiones diarias dependen en gran medida la forma en que conceptualizamos. En la cultura occidental observamos a los individuos como “unidades autónomas". La mayoría de las religiones enseñan que estas unidades autónomas” que están dotadas de un alma. Ya he mencionado la doctrina de la anatman. Según esta doctrina, lo que consideramos como nuestro "yo" es una creación temporal de las skandhas. Las skandhas son atributos o forma: los sentidos, la cognición, la discriminación, la conciencia... que se unen para crear un distintivo, ser vivo. Como no hay alma que tiene que transmigrar de un cuerpo a otro, no hay "reencarnación" en el sentido usual de la palabra. El renacimiento se produce cuando el karma creado por una vida pasada se traslada a otra vida. La mayoría de las escuelas de budismo enseñan que la concepción es el inicio del proceso de renacimiento y que, por tanto, marca el comienzo de la vida de un ser humano.
El Primer Precepto Budista:
El primer precepto de budismo a menudo se traduce como "Me comprometo a abstenerme de destruir la vida". Algunas escuelas de budismo hacer una distinción entre la vida animal y vegetal, y otras no. Aunque la vida humana es más importante (¿para quién?) nos advierte del precepto de abstenernos de tomar la vida en cualquiera de sus innumerables manifestaciones. Desde esta perspectiva no hay duda de que la interrupción de un embarazo es un asunto sumamente grave, pero no como “precepto humano” sino como una acción extensiva a la conciencia del que lo hace. Sin embargo ninguna escuela de budismo absolutamente lo prohíbe desde un punto de vista “moral”.
El budismo nos enseña a no imponer nuestras opiniones sobre los demás y a sentir compasión por aquellos que se enfrentan situaciones difíciles. Aunque algunos países predominantemente budistas, como Tailandia, imponen restricciones legales sobre el aborto, muchos budistas no creen que el Estado deba intervenir en asuntos de conciencia, moral o religión.

Entonces, ¿en qué quedamos?

El egoísmo, el deseo y el sufrimiento que puede crear el acto de abortar marca la diferencia entre “prohibir moralmente” y “evitar el sufrimiento y las consecuencias de nuestros actos en cuanto a seres libres”. Somos responsables de nuestros actos y de las consecuencias de los mismos, por eso debemos meditar acerca de nuestras intenciones antes que ceder a nuestros impulsos o deseos, no porque un “dios” pueda “castigarnos” sino porque lo que yo hago no está libre de interacciones con el resto de los seres y con la misma historia que me voy forjando. Somos responsables de nuestros actos. Meditemos sobre ello.

Como sacerdote ortodoxo nunca podré aceptar el aborto y como instructor de filosofía budista tampoco, aunque entre ambas disyuntivas puede existir una respuesta común, no exenta de polémica, lo sé, pero a la que he llegado de forma progresiva tras conciliar “moral” con “meditación”, “creencia” con “reflexión activa”. No se trata de culpar a nadie. Se trata de responsabilizarnos de nuestros actos y ayudar siempre a quien lo necesite. Detrás de cada aborto hay un drama personal o un comportamiento egoísta irreflexivo, nos guste o no. No se trata de posicionarnos desde "trincheras" ideológicas, que separan en lugar de buscar soluciones. No se trata de: "yo decido sobre mi cuerpo" o "yo decido por ti". Hay un camino que , en mi opinión, debería exaltar la vida, la comprensión y la ayuda mutua.

¿Qué podemos hacer antes de abortar? ¿Qué podemos hacer para evitar el sufrimiento?


lunes 26 de octubre de 2009

DOLOR Y SUFRIMIENTO NO SON LO MISMO.

El monje Theravada Bhikkhu Bodhi comenta acerca de su dolor de cabeza crónico: "Me ha ayudado a desarrollar paciencia, coraje, determinación, la ecuanimidad y la compasión". Cuando deja de preocuparse por su migraña ésta se vuelve más tolerable. La contemplación le ayuda a observar el dolor de manera desapasionada, sin asociarse con él, y añade: “La herramienta más poderosa que he encontrado para mitigar el impacto del dolor es una fórmula de meditación que consta de frases cortas repetidas muchas veces y proviene de los discursos de Buda: Todos los sentimientos de dolor pasados, presentes o futuros, todo sentimiento de dolor centrado en mi… no es mío. No yo, no yo, no yo. La maestra zen Darlene Cohen vive con artritis reumatoide severa, y también es una sobreviviente del cáncer. Darlene enseña a otros cómo encontrar "consuelo y apoyo en los detalles cotidianos de nuestra vida cotidiana, centrados en lo que hay de positivo en ella". El dolor no debe “cegarnos” ante lo bello y bueno que hay en nosotros o en nuestra vida. El profesor de meditación Vipassana Shinzen Young dice que el dolor puede ser manejado con habilidad. A través de la meditación, se puede calmar la resistencia, la agitación y la impaciencia con las que generalmente se relacionan con el dolor. El dolor puede convertirse en la experiencia pura, sin el añadido del sufrimiento. Dolor y sufrimiento no son lo mismo. Puede haber sufrimiento sin dolor… o dolor sin sufrimiento… o ambos juntos en una misma vivencia personal. Por ejemplo: Podemos sentir dolor al someternos a una intervención quirúrgica y al consiguiente postoperatorio para extirparnos un riñón que vamos a donar a un enfermo grave, pero no sufrimos porque nuestra mente está inmersa en una inmensa sensación de gratitud y compasión.

Por ello el budismo dice que el dolor es inevitable pero el sufrimiento sí que puede ser trascendido y erradicado de nuestras vidas. Y el camino es practicar las Ocho Nobles Verdades y hacer de la meditación un hábito diario.

Puedes ver también:

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viernes 16 de octubre de 2009

LA "NOCHE OSCURA DEL ALMA".


Llegar al límite del sufrimiento, al dolor que se trasciende a sí mismo y nos libera de pronto de una forma casi placentera. Ya no hay un “¡no más!” o “¡basta ya!”, porque ya no hay palabras, pensamientos o sensaciones que experimentar o pensamientos que integrar en la razón. Los cristianos llaman a esta aceptación extrema del dolor la “Noche Oscura del Alma”, que se manifiesta cuando hemos agotado todas nuestras posibilidades y no sabemos que hacer. Y entonces sufrimos inmersos en un dolor inconmensurable. Aunque en ese momento nos sentimos desdichados, ese sufrimiento es el momento crucial para liberarnos de él. La práctica nos conduce a ese sentimiento fructífero y nos ayuda a permanecer en él para experimentar la “vacuidad”. Es como un globo que se desinfla… para poder llenarse de todo. ¿Acaso no habéis pasado por una etapa así en vuestras vidas? La contemplación cristiana o la meditación budista nos enseñan la puerta de la iluminación que “cura” el dolor, porque al observar la realidad tal como es vamos apagando las brasas que mantienen vivo el fuego de la ignorancia.

Feliz semana, queridos amigos y amigas.

sábado 3 de octubre de 2009

VENCER LA IRA NO ES DEJARTE MATAR O HERIR.



Enojo. Rabia. Furia. Ira. Llame como se llame, nos invade de vez en cuando a todos nosotros, incluidos los budistas. Por mucho que valoramos la bondad y la compasión los budistas somos seres humanos y a veces nos enojamos. ¿Qué enseña el budismo acerca de la ira? Pues que la ira es uno de los “tres venenos” (los otros dos son la codicia y la ignorancia, de los cuales hablaremos más adelante), que son las causas principales del ciclo del samsara y del renacimiento. Purificarnos de la ira es esencial para la práctica budista. Además, en el budismo no hay tal cosa como "rabia justa" o "la ira justificable". Toda la ira es una traba en la realización espiritual. Sin embargo, incluso los maestros altamente realizados admiten que a veces se enojan. Esto significa que para la mayoría de nosotros no enojarse no es una opción realista que podamos evitar siempre. Nos vamos a enojar en algún momento. Entonces, ¿qué hacemos con nuestra ira?

PRIMERO: ADMITE QUE ESTÁS ENOJADO
Esto puede sonar absurdo, pero ¿cuántas veces has conocido a alguien que claramente estaba enojado, pero que insistió en que no lo estaba? Por alguna razón, algunas personas se resisten a admitir que están enojados. No se puede hacer frente a algo que no se admite. El budismo enseña la atención. Ser conscientes de nosotros mismos. Cuando una emoción desagradable o pensamiento surge, no debemos suprimirlo, huir de él, o negarlo. En su lugar, observamos y reconocemos plenamente esa emoción o pensamiento. Ser profundamente honesto contigo mismo es esencial para el budismo.

¿QUÉ TE HACE ENOJAR?
Es importante comprender que la ira es algo creado por ti mismo. No viene “del otro” o del “aire”. Tendemos a pensar que la ira es causada por algo fuera de nosotros mismos, como otras personas o determinadas circunstancias específicas. Un maestro budista dejó escrito: "Nadie te hace enojar. Tú eres el que se enoja.”
El budismo nos enseña que la ira es creada por la mente. La ira nos desafía a profundizar en nosotros mismos. La mayoría de las veces, la ira es auto-defensiva. Surge de temores no resueltos o cuando somos empujados por nuestro “egos” identificándonos con ellos. Como budistas reconocemos que el ego, el miedo y la ira son insustanciales y efímeros, no son algo "real". Son fantasmas, pura “ilusión”.

LA IRA ES AUTOINDULGENTE
La ira es desagradable, pero seductora en muchas ocasiones. En una entrevista realizada en EEUU a la maestra budista Pema Chödron ella comenta: "Hay algo delicioso en la búsqueda de la culpa por algo.” Especialmente cuando se trata de nuestro ego (que es casi siempre el caso).

El budismo enseña que la ira no se justifica. Nuestra práctica es la de cultivar metta, una bondad amorosa hacia todos los seres que está libre de apego egoísta. "Todos los seres" incluye el tipo que acaba de bloquearte la salida del garaje, el compañero de trabajo que habla mal de ti, una persona cercana y de confianza que te traiciona y… el perro que se ha meado en tus zapatos. Por esta razón, cuando nos enfadamos debemos tener mucho cuidado de no reaccionar tratando de lastimar a otros. También debemos tener cuidado de no aferrarnos a nuestra ira.
CÓMO “DEJARLA IR”
Lo prioritario es reconocer tu ira y haber examinado en ti mismo qué provocó la ira, qué la ha hecho surgir. Sin embargo, todavía estás enojado. ¿Qué más debes hacer?
Pema Chodron aconseja paciencia. La paciencia significa esperar a actuar o hablar hasta que puedas hacerlo sin causar daño. "La paciencia tiene un carácter de honestidad enorme", dijo. Si practicas la meditación, este es el momento de ponerte a trabajar. Siente cómo la rabia y la tensión de la ira “surgen de ti” y no del exterior. Abraza tu ira con paciencia y compasión para todos los seres, incluido hacia ti mismo. .

NO DEJARSE “SECUESTRAR” POR LA IRA
Es difícil no actuar y permanecer en calma y en silencio mientras nuestras emociones están gritando y golpeando dentro de nosotros. La ira nos llena de energía nerviosa y nos hace querer hacer algo “al otro” para descargarla. La psicología popular nos dice que podemos librarnos de la ira golpeando con los puños en almohadas o gritando a las paredes para "trabajar" nuestra ira. El maestro budista vietnamita Thich Nhat Hanh no está de acuerdo: “Cuando expresas la ira, ya sea verbalmente o con violencia física, estás alimentando la semilla de la ira, y se hace más fuerte en ti.
Sólo la comprensión y la compasión pueden neutralizar el enojo.
LA COMPASIÓN REQUIERE CORAJE
A veces confundimos la agresión con la fuerza y la falta de acción con la debilidad. El budismo enseña que es al contrario. .
Ceder a los impulsos de la ira es debilidad. También se requiere disciplina para meditar en las “llamas de la ira”.
El Buda dijo, "Vencer al mal con el bien. Conquistar un mentiroso por la verdad. "(Dhammapada, v. 233).” Trabajar con nosotros mismos y los demás en nuestra vida en este camino de compasión para erradicar la ira es lo que enseña el budismo. El budismo no es un sistema de creencias, o un ritual exótico que está de moda, o “una etiqueta para poner en tu camiseta”. Tampoco enseña que te debes dejar humillar, herir o matar.

LEGÍTIMA DEFENSA BUDISTA

El budismo dice que debes defenderte si te amenazan con poder herirte a ti o a otras personas, pero subraya que debe hacerse procurando hacer el menor daño posible al agresor y siempre con una actitud exenta de deseos de venganza, violencia o ensañamiento. Debemos sentir compasión por el agresor, pedir por su iluminación y procurar siempre evitar el uso físico o mental de la violencia. Es mejor evitar una situación y la consiguiente escalada de conflictividad que defenderse infligiendo daño, aunque sea mínimo. Pero si no podemos eludir esa amenaza debemos defendernos evitando lo más posible el daño y alejados de pensamientos y emociones de rabia, ira o violencia.

El héroe es el que vence a la ira, no al contrincante.

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La ilustración procede de aquí:

http://images.google.es/imgres?imgurl=http://ssajer.files.wordpress.com/2008/08/ira2.jpg&imgrefurl=http://ssajer.wordpress.com/2008/08/01/el-albedrio-y-la-ira/&usg=__mMdAY4lCBVSa6DVlSQ3SL1d581s=&h=594&w=474&sz=26&hl=es&start=1&tbnid=IAtGBQOqE6B3BM:&tbnh=135&tbnw=108&prev=/images%3Fq%3Dira%26gbv%3D2%26hl%3Des%26sa%3DG

domingo 27 de septiembre de 2009

SOSEGAR LAS EMOCIONES.


Breve y profunda enseñanza en estas palabras del maestro Sogyal Rimpoché:

¿Cómo se sosiegan los pensamientos y las emociones? Si dejas un vaso de agua turbia en reposo, sin tocarlo, la suciedad se posará en el fondo, y la claridad del agua se hará evidente. Del mismo modo, en la meditación permitimos a nuestras ideas y emociones sosegarse naturalmente, en un estado de confort natural. Hay un dicho maravilloso de los grandes maestros del pasado. Recuerdo que cuando lo oí por primera vez fue como una revelación, porque en estas dos frases se muestra a la vez lo que es la naturaleza de la mente y como permanecer en ella, lo que constituye la práctica de la meditación. En tibetano es precioso, casi musical: chu ma ñok na dang, sem ma chö na de. Grosso modo significa: “El agua, si no la agitas, se aclara; la mente, cuando no se la altera, encuentra su propia paz natural”.

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jueves 17 de septiembre de 2009

EL BUDA DE LA COMPASIÓN.


OM MANI PEME HUM es uno de los mantras más recitados en el budismo tibetano. Se puede pronunciar también OM MANI PADME HUM. Las enseñanzas y la tradición budista dicen que recitándolo ochocientas veces temprano por la mañana, nunca se cae enfermo, ni siquiera por contagio; además se obtiene riqueza y éxito en los negocios y no hay quien te pueda dañar, al disminuir los efectos del karma.
La forma de recitarlo es sencilla y podemos hacerlo en voz alta o simplemente en silencio; un “mala” (rosario budista) puede ser de gran ayuda para llevar la cuenta de las recitaciones.

Siéntate cómodamente pero con la espalda recta y trata de visualizar la deidad de la compasión o en su lugar una esfera de luz blanca representando la compasión universal. Se puede visualizar sobre la coronilla o también frente a uno mismo, a la altura de las cejas y a una distancia de un metro y medio. Para evitar distracciones conviene visualizar la esfera radiante y luminosa y al mismo tiempo pesada, densa.
Hay que recitar el mantra manteniendo la visualización lo más claramente posible. Mientras se recita se imagina que de la esfera salen innumerables rayos de luz que penetran por la coronilla, llenando todo el cuerpo de luz y gozo. Al final, acabada la recitación debes imaginar que la esfera de luz penetra por la coronilla y se absorbe en el corazón, recibiendo así todas las bendiciones del Buda de la compasión.
Agua curativa
El mantra de la compasión, también se puede usar para obtener agua con propiedades curativas. Para ello se visualiza la compasión universal, sea en forma de esfera de luz blanca o en forma de deidad, sobre un recipiente de agua limpia (una botella de agua mineral, por ejemplo). El mantra se recita el mayor número posible de veces y se visualiza que la esfera derrama luz y néctar blancos que se absorben en los átomos de agua. Acabada la recitación se imagina que la esfera de compasión se disuelve en el agua. Beber esta agua.
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