Muchas personas me preguntan cómo es posible practicar el dharma budista y ser a la vez sacerdote ortodoxo y teólogo licenciado. ¡Como si buscar el bien y practicar la compasión fuesen marcas patentadas por una empresa que tiene el monopolio de la Verdad! Hoy todo está controlado, “registrado”, moderado y dirigido. Debemos tener mucho cuidado con lo que publicamos en los blogs no vayamos a incurrir en sanciones por adaptar nuestros artículos con ideas que pululan por este maremágnum caótico que es Internet (Y no me refiero al plagio puro y duro). No tararees en España una canción en un bar de tu propiedad mientras sirves un café, no vayan a venir los “inspectores” de la SGAE a multarte por no pagar los derechos correspondientes (ya ha ocurrido).
No disientas de lo “políticamente correcto” porque te etiquetarán como “indeseable” en esta sociedad tan compartimentada y supuestamente “libre”. No cures de otra forma que no sea con los fármacos recomendados por las multinacionales farmacéuticas, no sea que te encierre la Santa Inquisición Sanitaria en una mazmorra del sistema.
…Ya vale, ¿verdad? ¿Qué está ocurriendo?
Yo comparto la actitud del maestro budista vietnamita Thich Nhat Hanh quien asegura que comulga cuando acude a una misa católica al tiempo que en su altar budista tiene las figuras de buda y de Cristo juntas. ¡Y luego se echan las manos a la cabeza los fariseos de turno! ¡Que horror! ¡Blasfemia! ¡Un budista comulgando! Y muchos de esos “críticos” son pederastas a tiempo parcial o corruptos empresarios de “doble vida” cristiana. El problema es que confundimos espiritualidad con “colegiación religiosa”, con intolerancia y abuso de poder.
¿Cuándo y en dónde dijo Cristo que solo “sus apóstoles” podían comer y beber su “cuerpo y de su sangre”? ¿O expresó en realidad su deseo de redimir del dolor, del pecado y del sufrimiento a TODA la humanidad?
¿Y Buda? ¿Sólo restringió la “Iluminación” a sus seguidores de túnica azafrán o la hizo extensiva a “todos los seres sintientes”?
Recibir una iniciación con su correspondiente linaje o sucesión apostólica es un reconocimiento a la propia responsabilidad para hacer el bien y entregarnos a los demás, más que un “privilegio” de unos pocos para separarnos clasistamente del resto de los seres humanos. Es seguir un lazo de fraternidad que nos une a los que han dado el primer paso para construir un mundo más feliz, fraterno y pacífico.
Cuando releo y medito sobre las palabras de Cristo y de Buda no encuentro contradicción alguna en ambos textos sino que mi horizonte espiritual se amplía en lugar de reducirse a unos límites asfixiantes y anquilosantes.
Sí, soy sacerdote de la Iglesia Ortodoxa, depositaria de un sentido teológico, místico y espiritual más allá de las formas. Y soy instructor de filosofía budista, iniciado por maestros del linaje Mahayana que me han enseñado una psicología de vida que surgió quinientos años antes del nacimiento de Jesucristo.
Ya basta de “exclusiones” ideológicas. De nominar (“poner nombre”) para identificarte con “el grupo” separándote del “otro”.
Seguiré hablando en otros post de todo esto, queridos amigos.
Con mis mejores deseos en el Dharma y que la luz de Cristo os bendiga a todos.





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